DIEGO
El contacto con el mundo de la montaña empezó hace mucho tiempo atrás, allí por 1994...
El cura de mi Instituto, Perrupato, y su equipo de apoyo, organizaban todos los años dos Campamentos al Parque Nacional Nahuel Huapi en San Carlos de Bariloche, Provincia de Río Negro, en Argentina. El primer campamento tenía como objetivo lograr que los acampantes tengan un primer contacto con el mundo de la montaña; el segundo se trataba de una salida de doce días continuos andando por los picos de la zona.
Durante el primer campamento, en enero de 1994, dormimos en las antiguas tiendas canadienses de sobretecho naranja y de elevado peso, si las comparamos con los iglús de hoy en día. Hicimos base en un campamento organizado aunque la comida la llevábamos y la cocinábamos entre todos con un sistema rotativo en la que dos tiendas por día ayudaban en la cocina. Otros se encargaban de preparar las oraciones y la misa del día, y el resto ayudaba en otras tareas como por ejemplo recoger leña.
En este primer campamento fuimos 117 personas. Se realizaron dos salidas al monte de tres días de duración cada una. La primera al Cerro Catedral y la segunda al Cerro López con ascenso al Pico Turista. Mi experiencia personal fue excelente. Gracias a Perrupato había descubierto un mundo nuevo, un mundo de mochilas, tiendas, sacos de dormir, había cambiado mis tenis por botas más pesadas, había sentido el frío de la altura, el viento, la nieve, los picos de la cordillera, lagos, silencios, esfuerzo, hermosos paisajes que esperaban pacientes del otro lado de la montaña, esperaban a que algún montañero alcanzara la cumbre para descubrirlos detrás. Así llegamos al Pico Turista del Cerro López, la primera cumbre de mi vida, el primer paisaje de 360 grados. Mis ojos ilusionados, maravillados ante tanta belleza natural. Al regreso de este viaje, lo tenía muy claro, el año siguiente volvería a la montaña, pero esta vez al segundo campamento para pasar doce días en el monte.
Así fue, doce días andando, subiendo y bajando, esta vez, "solamente" 87 personas. Y si el primer campamento me gustó, el segundo me fascinó.
Desde este espacio en internet quiero enviar un agradecimiento especial al Cura Perrupato por organizar y dedicar mucho tiempo y esfuerzo a la realización de estos campamentos. GRACIAS PATO!
A partir de allí vinieron el resto de viajes. Verano tras verano los días de vacaciones los dedicaba nuevamente a Bariloche o Chaltén, Tierra del Fuego, Esquel, Glaciar Perito Moreno o un viaje por la Patagonia de dos meses. Cargar la mochila con comida, el iglú y partir hacia el Sur en autobús, 24 horas de viaje ininterrumpidos, con la novia o con amigos para llegar a destino. Cambiar el asfalto por la roca, el gris por el verde, la corriente eléctrica por el sol, el gas por la leña, el calor por el frío, el aire contaminado por la pureza de la montaña, el televisor por los paisajes en vivo y en directo.
Más tarde vinieron otras experiencias, los 3.778 metros del Volcán Lanín, con sus 2.700 metros de desnivel en dos días sobre roca volcánica que se desmoronaba bajo nuestros pies; las travesías invernales por los refugios de Bariloche; la vuelta a Hielos Continentales descubriendo el Circo de los Altares sin nubes, un regalo de Dios en aquella zona.
Una vez en el viejo continente, continué con este tipo de salidas al monte, aunque más espaciadas en el tiempo. Así fui conociendo las Sierras de Madrid y Pirineos. Más tarde, descubrí el Club de Montaña Ártabros en la ciudad de A Coruña y a un grupo de personas que sienten el monte de una forma muy especial. De esta manera, llegaron varios viajes a Picos de Europa, Os Ancares, a los distintos macizos de la Provincia de León y a Pirineos en invierno.
Mientras tanto, en mi mente, siempre el Centinela de Piedra, ya que el Cerro Aconcagua ha sido toda mi vida y lo sigue siendo la mayor aspiración referida al montañismo. Por tal razón afronto esta expedición con el deseo y la ilusión de convertir en realidad un gran sueño. Todo ello, estimulado y motivado por la mágica fuerza de la montaña, incomprensible para algunos, sinónimo de felicidad para otros.
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